500 mujeres y sus razones para empoderar
Esta semana, más de 500 mujeres queretanas iniciaron su formación en el Centro de Empoderamiento para las Mujeres del municipio de Querétaro. Tercera generación. Veinticinco talleres. Certificados con aval del ICATEQ y el CECATI. Cuatro programas que van desde el círculo de empoderamiento hasta empleabilidad y emprendimiento. El boletín oficial lo describe como una ruta de crecimiento progresiva. Y técnicamente, lo es.
Pero hay algo que el boletín no dice: cada una de esas 500 mujeres llegó ahí por una razón. Y casi ninguna de esas razones es sencilla.
El Centro de Empoderamiento para las Mujeres abrió en septiembre de 2025 en San Pedrito Peñuelas, en un espacio de más de doce mil metros cuadrados que incluye áreas deportivas, culturales, de emprendimiento y atención psicológica y jurídica. No es un módulo improvisado ni un taller de dos horas en una delegación. Es una infraestructura real, pensada para quedarse.
En su primera generación graduó a 383 mujeres. En la segunda, a 312. Ahora arranca la tercera con más de 500. Los números crecen. El programa funciona. Y eso merece reconocerse sin matices.
Pero el periodismo de comunidad no existe para repetir los comunicados. Existe para preguntar lo que los comunicados no preguntan. Y la pregunta que nadie hace en los boletines sobre el Centro de Empoderamiento es la más importante de todas: ¿qué le pasó a cada una de esas mujeres antes de llegar ahí?
El nombre del programa lo dice todo, si uno se detiene a escucharlo. Empoderamiento. La palabra implica que hubo, antes, una situación de poder disminuido. Que alguien — una circunstancia, una relación, un sistema — redujo las opciones de esas mujeres hasta que buscar un taller de repostería o de inglés básico se volvió un acto de recuperación.
Algunas llegaron después de un divorcio que las dejó sin ingresos propios. Otras, tras años de dedicarse al hogar y los hijos mientras el mundo laboral seguía sin ellas. Algunas más llegaron desde situaciones de violencia, buscando la independencia económica como la primera salida real de una trampa que no siempre tiene nombre pero que se siente todos los días. Y algunas simplemente llegaron porque nadie les había dicho nunca que podían aprender algo nuevo a los cuarenta y cinco años.
Esas son las 500 razones que no aparecen en el boletín. Y son, precisamente, las razones por las que el Centro existe.
Hay una tensión honesta en este tipo de programas que vale la pena nombrar. Un taller de corte de cabello o de elaboración de tartas puede ser la puerta de entrada a la autonomía económica de una mujer. También puede ser la confirmación de que el sistema espera que las mujeres se empleen en ciertos rubros y no en otros. El mérito del Centro de Empoderamiento no está solo en lo que enseña, sino en cómo lo enseña: con acompañamiento psicológico, con atención jurídica, con una ruta que no termina en el certificado sino que intenta seguir a la mujer hacia el empleo o el negocio propio.
Si esa promesa se cumple — y las generaciones anteriores sugieren que al menos en parte se cumple — entonces el programa es mucho más que un taller. Es una red de contención para mujeres que el resto del sistema no supo o no quiso atrapar.
Norma tiene 38 años y tres hijos. Trabaja en una tienda de abarrotes seis días a la semana. Se inscribió al Centro porque quiere aprender a hacer pasteles para venderlos los domingos, el único día que tiene libre. No tiene capital para una estufa industrial. No tiene tiempo para una carrera universitaria. Tiene un domingo y las ganas de que ese domingo valga más que el descanso.
“No es que quiera hacerme rica”, dice. “Es que quiero que mi dinero sea mío.”
Esa frase — quiero que mi dinero sea mío — es la síntesis de todo lo que el programa intenta resolver y de todo lo que la sociedad queretana todavía no ha terminado de garantizarle a las mujeres que la sostienen desde adentro, desde las cocinas y las tiendas y las casas que nadie cuenta en el PIB pero que sin ellas no funcionarían.
Quinientas mujeres empezaron algo esta semana. Eso es una buena noticia. La mejor noticia sería que dentro de diez años ninguna de ellas necesitara empezar de cero.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

