14 votos que cambiaron a Querétaro para siempre

SINCONCESIONES

La Ley de Identidad de Género ya es una realidad. Lo que viene después es la verdadera prueba.

El 30 de abril de 2026 quedará en los libros de historia legislativa de Querétaro. Con 14 votos a favor y 11 en contra, la LXI Legislatura aprobó la Ley de Identidad de Género —conocida como Ley Trans—, una reforma al Código Civil que permite a cualquier persona mayor de edad modificar el marcador de género en sus documentos oficiales mediante un simple trámite administrativo ante el Registro Civil, sin necesidad de acudir a un juez. Lo que durante años fue una batalla judicial costosa y humillante se convierte ahora en un derecho ejercible desde una ventanilla.

El contexto político de la votación no puede ignorarse. El PAN votó en bloque en contra, con el argumento de que la ley no protege suficientemente a niñas, niños y adolescentes —aunque la norma aplica exclusivamente a mayores de edad. Morena y sus aliados empujaron el dictamen que había sido avalado en comisiones apenas el 22 de abril. La sesión se celebró con manifestaciones encontradas en el exterior del recinto: colectivos LGBT frente a grupos provida que, según reportes, rezaban para frenar la votación. Querétaro, en suma, mostró en un solo día toda su complejidad política y social.

Que una ley de derechos se apruebe con 14 de 25 votos dice tanto sobre los avances como sobre las resistencias que quedan.

Lo que viene ahora es donde la historia se pone interesante. La ley debe ser promulgada por el Poder Ejecutivo estatal y publicada en La Sombra de Arteaga. En un estado gobernado por el PAN, que votó en contra del dictamen, esa firma no está exenta de tensión política. Más allá del trámite, el verdadero reto es la implementación: capacitar al personal del Registro Civil, garantizar que el proceso no se convierta en una burocracia disfrazada de avance y asegurar que las personas que acudan a ejercer este derecho no enfrenten discriminación institucional en el camino.

Querétaro llega tarde a esta conversación —la mayoría de los estados ya contaban con mecanismos similares— pero llega. La pregunta que este espacio seguirá de cerca es si la ley aprobada en el pleno se convierte en un derecho real en la calle, o si queda como un logro legislativo que nadie se asegura de que funcione. En materia de derechos, la distancia entre el papel y la práctica suele ser la más larga de todas.

Sin Concesiones es una columna de opinión semanal de El Progresivo. Las opiniones expresadas son responsabilidad del medio.