Santiago Mexquititlán: cinco años peleando su agua
Santiago Mexquititlán: cinco años peleando su agua
En 2021, una pipa sin logotipos llegó a un pozo de Santiago Mexquititlán y empezó a extraer agua. Los vecinos la detuvieron. Nadie pudo explicar a dónde iba el agua ni quién había dado permiso para tomarla.
Cinco años después, la comunidad sigue peleando por el mismo pozo. Y Querétaro, que presume de gestión hídrica innovadora y de ser referente nacional en sustentabilidad, sigue sin dar una respuesta definitiva.
Santiago Mexquititlán es una comunidad otomí en el municipio de Amealco de Bonfil, en la sierra queretana. Es también el lugar de origen de la muñeca Lele, declarada patrimonio cultural inmaterial del estado — esa misma muñeca que aparece en los folletos de turismo y en las ferias artesanales como símbolo de la identidad queretana.
La identidad, en los folletos, es motivo de orgullo. En la comunidad que la produce, es motivo de resistencia.
“Desde que en 2021 los pobladores detuvieron aquella pipa que extraía agua de su pozo con rumbo desconocido, Santiago Mexquititlán se convirtió en uno de los asentamientos otomíes más activos en la defensa del agua en Querétaro”. Lo que siguió no fue un diálogo institucional ordenado. Fue una escalada.
“La escala de agresiones contra el pueblo Ñhöñhö comenzó a intensificarse a mediados de 2025 y ha derivado en una criminalización directa de sus defensores en lo que va de 2026”. El Concejo Indígena de Gobierno de Santiago Mexquititlán denunció este año la estrategia de criminalización contra Esteban Mondragón, uno de sus integrantes más activos. “El 12 de marzo de 2026, la Fiscalía de Amealco condicionó el acceso a la justicia: se negaron a entregar copias del expediente sin que Esteban fuera acompañado por un abogado de la propia Fiscalía, y exigieron que él y su hija hablaran en español — no en otomí — para ser atendidos”.
Una institución del estado de Querétaro le negó a un ciudadano queretano el derecho a ser atendido en su propia lengua. Eso no es un detalle procesal. Es racismo institucional con expediente.
La semana pasada, concejales de Santiago Mexquititlán se pronunciaron en la Ciudad de México exigiendo respuesta a Conagua. Llevan más de un año en ese proceso. La respuesta que han recibido, según sus propios comunicados, ha sido lo que ellos llaman “simulación de diálogo”: reuniones que no resuelven, compromisos que no se cumplen, y mientras tanto el agua de sus pozos sigue saliendo en pipas que no son de la comunidad.
“El Concejo denunció que la Comisión Estatal del Agua — la CEA — lejos de restituir el acceso al recurso, ha intensificado el saqueo a través de pipas privadas y tuberías instaladas sin consentimiento comunitario”. Han presentado amparos. Han documentado los hechos. Han marchado. Y siguen sin agua garantizada en una comunidad que lleva siglos viviendo sobre ese territorio.
Hay una ironía que esta columna no puede dejar pasar.
Mientras Santiago Mexquititlán lleva años peleando por el acceso al agua de sus propios pozos, Querétaro debate en foros internacionales sus estrategias de gestión hídrica, sus sistemas de monitoreo, su modelo de planeación para el crecimiento industrial. El estado que atrae inversión extranjera con el argumento de que tiene agua suficiente para sostener el nearshoring es el mismo estado donde una comunidad indígena no puede garantizar que el agua de su pozo llegue a sus casas.
El agua en Querétaro no es un problema de escasez únicamente. Es un problema de a quién le toca.
Santiago Mexquititlán también es el lugar donde nació el tianguis indígena más antiguo de la región — un espacio de comercio comunitario que sobrevivió la pandemia, los intentos de cierre y la presión institucional porque la comunidad lo defendió en asamblea, como defiende todo lo que considera suyo: juntándose, hablando en otomí, tomando decisiones desde abajo.
Esa forma de organizarse — lenta, colectiva, sin aplicación ni consultoría — es exactamente la que el estado no sabe cómo responder. No porque sea ilegal. Sino porque no encaja en los formatos institucionales diseñados para ciudadanos que hablan español, tienen abogado propio y saben navegar un amparo.
La comunidad de Santiago Mexquititlán sabe hacer todo eso. Lo aprendió por necesidad. Y aun así, cinco años después de aquella pipa sin logotipos, sigue esperando que alguien con poder real decida que su agua vale lo mismo que la del parque industrial más cercano.
Querétaro cumplió 495 años esta semana. En los discursos del aniversario se habló de historia, de desarrollo, de identidad. La muñeca Lele apareció, como siempre, en alguna imagen oficial.
Las manos que hacen esa muñeca siguen esperando que el agua de su comunidad deje de irse en pipas sin logotipos.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

