238 mil personas nuevas. ¿Y dónde van a vivir?
Esta semana el INEGI confirmó lo que cualquier queretano que maneja, renta o busca escuela ya sabe en su propio cuerpo: Querétaro creció 238 mil personas en cinco años. El estado pasó de 2.3 a 2.6 millones de habitantes entre 2020 y 2025. En ese mismo periodo se crearon 130 mil hogares nuevos. Y el municipio capital — con un millón 91 mil personas — sigue siendo el destino preferido de quienes llegan.
Los números son contundentes. La pregunta que esta columna quiere hacer es simple: ¿la ciudad estaba lista para recibirlos?
El dato más revelador del informe del INEGI no es el total de habitantes. Es la composición de ese crecimiento.
El 28.1% de los queretanos nació en otra entidad federativa. Casi uno de cada tres. Y el saldo neto migratorio interno es positivo en 3.6%: llegan más personas de otras partes de México de las que se van. Querétaro no creció principalmente porque sus familias tuvieran más hijos — creció porque el país entero decidió que Querétaro era el lugar al que valía la pena mudarse.
Eso es un reconocimiento enorme. Y es también una responsabilidad enorme que la ciudad no siempre ha estado a la altura de asumir.
Esta columna lleva veintiún semanas documentando lo que ese crecimiento deja a su paso cuando no va acompañado de planeación social suficiente.
Documentamos colonias periféricas en El Marqués y San Juan del Río sin banquetas, sin transporte digno, sin espacios recreativos — exactamente los municipios que más crecieron según el INEGI: El Marqués con 327 mil habitantes, San Juan del Río con 323 mil. Juntos con la capital concentran el 67% de la población del estado. Y juntos acumulan las mayores deudas de infraestructura social.
Documentamos rentas que superan el salario mínimo completo, porque 130 mil hogares nuevos en cinco años generan una presión sobre el mercado inmobiliario que el ingreso de la mayoría no puede absorber.
Documentamos el dren Peñuelas — la obra hidráulica más grande en 25 años — construida con urgencia durante las lluvias porque la ciudad creció hacia zonas inundables antes de que alguien construyera el drenaje que esas zonas necesitaban.
Documentamos a Santiago Mexquititlán peleando por su agua mientras la zona metropolitana seguía expandiéndose hacia municipios que compiten por el mismo recurso.
Nada de eso es casualidad. Es el resultado previsible de una ciudad que durante años creció más rápido que su capacidad de planear el crecimiento.
Hay un dato en el informe del INEGI que merece atención especial porque prefigura el Querétaro de los próximos diez años: los hogares formados por una sola persona pasaron del 12 al 15% entre 2020 y 2025. Y la proporción de niñas y niños de cero a nueve años comenzó a reducirse.
Querétaro está envejeciendo — lentamente, pero envejeciendo. Y está individualizándose: más personas viviendo solas, menos familias nucleares grandes. Eso tiene implicaciones enormes para los servicios que la ciudad necesita construir en los próximos años: no más escuelas primarias en las periferias, sino más centros de atención para adultos mayores, más vivienda para persona sola o pareja sin hijos, más servicios de salud mental para quienes viven solos en una ciudad que no siempre hace fácil construir comunidad.
¿Está Querétaro planeando para esa ciudad? La respuesta honesta es que no lo sabemos. Porque ese tipo de planeación — la que mira veinte años adelante y construye servicios para la ciudad que viene, no para la que ya existe — rara vez aparece en los boletines oficiales.
El informe del INEGI también reveló algo que incomoda un poco en el contexto del discurso de crecimiento y prosperidad: los hogares que perciben ingresos distintos al trabajo laboral — principalmente transferencias de programas de gobierno — pasaron del 17.4% al 32.4% entre 2020 y 2025. Casi se duplicaron.
Eso puede leerse de dos maneras. Una: los programas sociales llegaron a más familias queretanas y eso es bueno. Otra: una proporción creciente de hogares en el estado más competitivo del país depende de transferencias gubernamentales para completar sus ingresos, lo que sugiere que el empleo formal y bien remunerado del que presume Querétaro no está llegando a todos los que llegaron.
Las dos lecturas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y las dos merecen estar en la conversación pública, no solo la que conviene al boletín de turno.
238 mil personas en cinco años. Una ciudad que sigue siendo destino. Un estado que sigue creciendo.
Eso es motivo real de orgullo. Y también es una responsabilidad que se mide no en kilómetros de autopista ni en parques industriales inaugurados, sino en si cada una de esas 238 mil personas encontró en Querétaro lo que vino a buscar: trabajo digno, casa accesible, escuela cerca, agua, drenaje, un parque donde los hijos puedan jugar.
Algunos lo encontraron. Muchos todavía están esperando.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

