7 semanas de caos en la vialidad más concurrida
Las obras del Tren México–Querétaro en Bernardo Quintana arrancan hoy. El costo lo pagan los 150 mil automovilistas que la usan cada día
Esta noche comenzaron los cierres en el bulevar Bernardo Quintana. Siete semanas de obras federales para ampliar el puente ferroviario del Tren México–Querétaro, con trabajos las 24 horas los siete días de la semana, en la vialidad por donde circulan 150 mil vehículos cada día. El gobernador Kuri lo dijo sin rodeos en la presentación del operativo: será “un reto más complicado” que los cierres previos en Corregidora Norte. No es exageración — es el operativo vial más grande que Querétaro ha enfrentado en su historia reciente, y arranca hoy, en plena temporada de lluvias, con el bacheo pendiente en decenas de calles alternas y una ciudad que ya de por sí tiene uno de los peores índices de conducción del país.
El plan de la AMEQ es ambicioso en papel: 166 auxiliares viales en 25 cruces semaforizados en destello, 160 puntos de señalización, desvíos hacia Zaragoza, Universidad y Paseo 5 de Febrero, horarios escalonados para 4 mil 770 servidores públicos del estado, y oficinas alternas para reducir traslados hacia la zona. Dos etapas: la primera con reducción de carriles desde hoy, la segunda — más agresiva, con contraflujo — a partir del 30 de julio. Es un esfuerzo de coordinación real entre gobierno federal, estatal y municipal que merece reconocerse. Lo que también merece reconocerse es lo que no está en el comunicado oficial.
Planear el caos no es lo mismo que evitarlo. Los 150 mil automovilistas de Bernardo Quintana lo sabrán desde mañana temprano.
Las colonias que absorberán el tráfico desviado — El Refugio, Álamos, Arboledas, Bosques del Acueducto, Loma Dorada, Zakia, Zibatá, La Pradera, Centro Sur — no fueron diseñadas para recibir ese volumen adicional. Sus calles internas, sus semáforos, sus banquetas no están pensadas para funcionar como vialidades primarias. Los negocios sobre Bernardo Quintana y sus laterales verán reducida su clientela durante siete semanas. Los usuarios del Qrobús que ya reportaron problemas en los primeros días del operativo tendrán que lidiar con rutas congestionadas y unidades fuera de bahía. Y todo esto ocurrirá mientras las tardes de julio y agosto traen lluvia puntual que complica cualquier operativo vial, por bien planeado que esté.
Dicho esto, la obra vale la pena. El Tren México–Querétaro es la inversión en infraestructura de conectividad más significativa que este estado ha recibido en décadas. Siete semanas de incomodidad son un costo razonable si el resultado es un puente ferroviario funcional que cambie la movilidad regional para los próximos treinta años. El problema no es la obra — es la ciudad que la recibe sin el sistema de transporte público que haría tolerable prescindir del automóvil durante siete semanas. Mientras Evolución Movilidad sigue en construcción y el EQROBUS del Centro Histórico no arranca hasta agosto, Querétaro le pide a sus ciudadanos que aguanten el tráfico con paciencia y rutas alternas. Para una ciudad que presume primer lugar en competitividad, eso debería incomodar un poco más de lo que incomoda.
Sin Concesiones es una columna de opinión semanal de El Progresivo. Las opiniones expresadas son responsabilidad del medio.

