El dren que salvó una colonia mientras se inundaba la ciudad
En marzo de 2026, el alcalde de Querétaro se paró en el fondo de una excavación de cinco metros de profundidad y prometió algo concreto: la obra más grande de infraestructura hidráulica en 25 años estaría lista antes de que empezaran las lluvias. Junio. Esa fue la fecha.
Hoy es 28 de junio. Está lloviendo. Y el dren Peñuelas no está terminado.
La historia de esta obra es, en muchos sentidos, la historia de cómo Querétaro planea sus soluciones: con ambición real, con inversión genuina, con buenas intenciones — y con un calendario que la realidad siempre termina por corregir.
El proyecto es legítimamente impresionante. Una inversión de 390 millones de pesos entre municipio y estado. Cajones hidráulicos de 5.10 metros de altura y 6.6 metros de ancho. Capacidad para captar 250 metros cúbicos por segundo. Una promesa de reducir hasta en 70% el riesgo de inundación en la zona norte de la capital. En palabras del propio Felifer Macías en marzo, “la obra más importante que realiza el gobierno municipal en los últimos 25 años.”
Nadie discute la magnitud del esfuerzo. Lo que esta semana quedó en evidencia es la brecha entre lo que se prometió y lo que hay.
La línea del tiempo habla sola.
En marzo, con 35% de avance, la promesa era concluir en junio, antes de las lluvias. En mayo, la fecha se corrió silenciosamente a agosto o septiembre. Y el miércoles 25 de junio, cuando los periodistas le preguntaron al alcalde cuándo terminaría la obra, Felifer evitó dar una fecha nueva y respondió con una frase que lo dice todo: “Si llueve, se limpia; incluso si hubiera alguna afectación en la obra, se limpia y se trabaja.”
Es una respuesta honesta. Y es también la confirmación de que la obra que iba a estar lista antes de las lluvias se está construyendo dentro de las lluvias, con todo lo que eso implica para los vecinos que llevan años esperando que alguien resuelva el problema de fondo.
Lo más revelador de esta semana no es que la obra se retrasó. Los retrasos en obra pública son casi una constante en cualquier ciudad del mundo. Lo más revelador es el contraste geográfico que el retraso produjo.
Donde el dren ya opera, aunque sea parcialmente, la diferencia es real. El propio alcalde lo señaló el 25 de junio con evidente satisfacción: en la zona de Peñuelas, la colonia Obrera y las calles circundantes, no hubo un solo domicilio inundado durante las lluvias de esta semana. Cero afectaciones en vehículos. Cero daños al patrimonio de los vecinos. La obra incompleta ya funciona, y funciona bien en el perímetro donde existe.
El problema es lo que hay fuera de ese perímetro.
Mientras Peñuelas resistía, el resto de la ciudad no. Las colonias Villas de Santiago, Jardines de Santiago, Satélite y Cerrito Colorado reportaron inundaciones severas. El Boulevard Bernardo Quintana y la avenida 5 de Febrero quedaron parcialmente bloqueados. En el surponiente de la ciudad — Jardines de la Hacienda, Las Plazas, La Joya — hubo cortes de luz, encharcamientos mayores y el olor a drenaje saturado que los vecinos de esas zonas ya conocen de memoria. En San Juan del Río, Pedro Escobedo y Tequisquiapan también se reportaron inundaciones.
Una obra salvó una colonia. El resto de la ciudad esperó con cubeta en mano.
El Ejército Mexicano reforzó esta semana el monitoreo de ríos y zonas vulnerables en el estado y desplegó personal para apoyar directamente a familias afectadas. Es una respuesta coordinada y necesaria. También es la imagen más honesta del problema estructural: cuando la infraestructura permanente no alcanza, el Estado manda soldados a cubrir el hueco.
Los soldados no son un sistema de drenaje. Son un parche humano sobre una ciudad que creció más rápido que su capacidad de manejar el agua que cae del cielo seis meses al año.
Conviene ser justos con lo que existe. El dren Peñuelas es una obra real, en construcción, con resultados parciales ya visibles. El municipio dispone de 30 millones de pesos para contingencias de lluvia. Hay brigadas desplegadas, protocolos activos, una línea directa para reportar baches y afectaciones. El esfuerzo institucional esta temporada es mayor que en años anteriores. Eso merece reconocerse.
Pero también merece preguntarse: ¿cuántas colonias de Querétaro tienen su propio dren Peñuelas en camino? ¿Cuántas tienen fecha de inicio de obra, aunque sea tentativa? ¿Cuántas llevan décadas reportando las mismas calles inundadas sin que nadie les prometa siquiera una excavación?
La respuesta, lamentablemente, no está en ningún boletín.
Afuera, esta tarde vuelve a llover en Querétaro. El Servicio Meteorológico Nacional pronostica chubascos con lluvias puntuales fuertes para mañana. La temporada apenas empieza — junio es, históricamente, uno de los meses más benignos. Julio y agosto están por venir.
En Peñuelas, los cajones hidráulicos de 5.10 metros están haciendo su trabajo. En Villas de Santiago, en Cerrito Colorado, en La Joya, los vecinos están haciendo el suyo: acomodar costales, mover muebles, sacar el agua con lo que tengan.
Querétaro construye su solución más grande en 25 años. Y mientras tanto, la ciudad entera sobrevive la temporada como puede.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

