La licencia menstrual en Querétaro
Es un avance real. El problema es quién queda adentro y quién queda afuera
El 30 de junio, la Comisión de Salud de la LXI Legislatura de Querétaro aprobó por unanimidad la iniciativa de licencia menstrual: hasta 24 horas con goce de sueldo por ciclo para trabajadoras del servicio público que acrediten dismenorrea incapacitante mediante certificado médico. Es un reconocimiento legislativo relevante — el primero en este estado— de que el dolor menstrual intenso no es un pretexto ni una exageración, sino una condición de salud que tiene consecuencias reales en la vida laboral de millones de mujeres. Hasta ahí, bien. El problema empieza cuando se pregunta quién va a poder usar esta licencia y quién no.
La respuesta es incómoda: la licencia aplica exclusivamente a las trabajadoras del sector público. Las empleadas de comercios, restaurantes, empresas manufactureras, maquiladoras, despachos, escuelas privadas y cualquier otro espacio de trabajo no gubernamental en Querétaro quedan completamente fuera. Y no es un descuido legislativo — es un límite constitucional real: los estados no pueden modificar la Ley Federal del Trabajo, que es la que regula las condiciones laborales del sector privado. Solo el Congreso federal puede extender este derecho a todas las trabajadoras del país. Lo que Querétaro hizo es lo máximo que puede hacer desde su ámbito de competencia, y la presidenta de la Comisión fue honesta al reconocerlo y al manifestar su deseo de que el beneficio llegue también al sector privado.
Un derecho que solo cubre a quienes trabajan para el gobierno no es un derecho universal. Es un privilegio bien intencionado.
Hay otra capa que vale la pena examinar: el requisito del certificado médico expedido por institución pública de salud. En teoría es razonable — evita abusos y garantiza que la licencia llegue a quienes realmente la necesitan. En la práctica, implica que una trabajadora con dolor menstrual incapacitante deberá acudir a una consulta en el IMSS o el ISSSTE, obtener un diagnóstico formal de dismenorrea y presentarlo cada ciclo o al menos periódicamente. Para quien ya vive con dolor intenso, agregar ese trámite no es menor. Si el proceso es engorroso, muchas mujeres simplemente no lo usarán — y la ley quedará en el papel.
Querétaro dio un paso. Es un paso real, concreto y unánime — lo cual, en el contexto legislativo actual del estado, no es poca cosa. Pero una ley que reconoce el dolor menstrual como condición de salud solo para las servidoras públicas dice implícitamente que el dolor de las demás es menos urgente, o menos digno de protección. El siguiente paso no lo puede dar la Legislatura local: lo tiene que dar el Congreso federal. Y mientras eso no ocurra, la licencia menstrual en Querétaro será un derecho para las que ya tienen más derechos que el resto.
Sin Concesiones es una columna de opinión semanal de El Progresivo. Las opiniones expresadas son responsabilidad del medio.

