¿De dónde eres, en realidad?
¿Cuántas personas que hoy viven en Querétaro nacieron en otro lado?
Es una pregunta que parece simple pero que, si uno se detiene a hacerla en la fila del súper, en la parada del camión o en la reunión de condóminos, revela algo que los datos confirman: Querétaro es, en buena medida, una ciudad de gente que llegó de otro lado. De la Ciudad de México, del Estado de México, de Guanajuato, de Veracruz, de la Sierra Gorda, del Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán. Y cada vez más, de los propios queretanos que se fueron al norte hace años y que ahora, por las razones que sean, están volviendo.
La pregunta no es quién llegó. La pregunta es qué encontraron al llegar — y qué tan bien o mal los recibió la ciudad que los necesitaba pero no siempre los esperaba.
Los números del fenómeno migratorio en Querétaro son contundentes. La mayor cantidad de inmigrantes internos que han llegado al estado provienen de la Ciudad de México — más de 40 mil personas, casi el 21% del total de migrantes — seguidos por el Estado de México con más de 36 mil, y Guanajuato con cerca de 17 mil. Son familias que llegaron buscando lo que Querétaro prometía en los titulares: seguridad, empleo, calidad de vida, espacio. Algunas lo encontraron. Muchas otras descubrieron que la promesa tenía letra pequeña.
Y luego están los que regresan. En 2025, más de tres mil queretanos fueron repatriados desde Estados Unidos. En los primeros dos meses de 2026 ya se registraban 417 casos, con municipios como San Juan del Río y Huimilpan entre los de mayor número de retornos. Personas que se fueron hace años, que construyeron una vida del otro lado, y que ahora vuelven — a veces por voluntad propia, muchas veces sin ella — a un Querétaro que ya no reconocen del todo, y que tampoco siempre los reconoce a ellos.
Llegar a Querétaro desde la Ciudad de México y llegar desde Huimilpan después de diez años en Texas son experiencias radicalmente distintas, pero tienen un punto en común: la ciudad no tiene un plan claro para ninguna de las dos.
Para el migrante capitalino de clase media que llega con trabajo remoto y buen sueldo, el problema es el precio de la vivienda — que ya cubrimos la semana pasada — y la curva de aprendizaje de una ciudad que no tiene el metro, ni el Uber barato, ni la densidad de servicios a la que estaba acostumbrado. Para el trabajador repatriado que vuelve a su municipio de origen después de años fuera, el problema es más profundo: ¿hay trabajo? ¿Se reconocen sus habilidades adquiridas afuera? ¿Sus hijos, que crecieron en otro país, van a poder integrarse a la escuela, al vecindario, a la ciudad?
Nadie tiene esas respuestas bien articuladas. Ni el municipio, ni el estado, ni los propios migrantes.
Lo que sí existe, y merece reconocerse, es la organización comunitaria que los propios migrantes han construido. La Asociación Civil Migrantes Unidos en Caravana, fundada en 2010, organiza cada año el retorno colectivo de queretanos desde la frontera con Estados Unidos, coordinando con los tres niveles de gobierno para garantizar un regreso seguro a municipios de todo el estado. Es una red construida desde abajo, por gente que entendió que el Estado no iba a aparecer solo a resolver el problema.
Pero una caravana anual no es una política migratoria. Es un parche emotivo y necesario sobre una herida que nadie ha decidido curar de fondo.
En la colonia Hércules, en la capital, vive desde hace tres años una familia llegada de Iztapalapa. El padre encontró trabajo en manufactura. La madre tardó ocho meses en conseguir empleo estable porque sus referencias laborales eran de otra entidad y “aquí nadie te conoce”. Los hijos cambiaron de acento sin darse cuenta. Ya dicen “ahorita” como queretanos pero cuando les preguntan de dónde son, dudan un segundo antes de contestar.
Ese segundo de duda es la historia que esta columna quiere contar. La historia de una ciudad que crece a base de personas que vienen de otro lado y que todavía no ha decidido qué significa, en la práctica, recibirlas bien.
Querétaro presume de ser cosmopolita. La prueba de que lo sea de verdad no está en los parques industriales ni en los rankings. Está en ese segundo de duda que desaparece porque alguien, en algún momento, hizo el esfuerzo de decirle a quien llegó: aquí también es tu lugar.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

