Las que sostienen la verdad con las manos
Hay una escena que se repite en casi cualquier sala de redacción, foro público o rueda de prensa en Querétaro: una mujer hace la pregunta incómoda, la que nadie más se atrevió a formular, la que deja un silencio tenso antes de que el funcionario en turno busque cómo esquivarla. Esa escena, cotidiana y casi invisible, resume algo que este estado tarda demasiado en reconocer: que una parte sustancial de su periodismo más riguroso, más valiente y más necesario lo están haciendo mujeres.
No es un elogio condescendiente. Es un dato que incomoda precisamente porque la estructura del gremio sigue sin reflejarlo. Las periodistas mujeres en Querétaro cubren fuentes de alto riesgo —seguridad, política, corrupción, derechos humanos— con frecuencia sin las condiciones laborales que merece ese trabajo: sin contratos estables, sin protocolos de protección, sin el respaldo institucional que sí suele extenderse, casi por inercia, a sus colegas varones. Hacen más con menos, y encima deben demostrar constantemente que merecen estar donde ya están.
Cubrir lo que otros callan tiene un precio. Para las periodistas mujeres, ese precio suele ser doble.
El acoso no es una anécdota aislada en sus trayectorias: es un patrón documentado. Desde los mensajes intimidatorios que llegan después de una nota incómoda hasta la descalificación sistemática en espacios públicos, muchas reporteras queretanas operan bajo una presión que va más allá del periodismo difícil. Operan bajo la amenaza de que su credibilidad, su seguridad o su reputación pueden ser usadas como herramientas de censura. Y aun así, siguen publicando.
Lo que construyen estas mujeres no es menor: son redes de fuentes tejidas con paciencia y confianza, coberturas sostenidas de temas que los medios grandes abandonan en cuanto dejan de ser tendencia, narrativas que ponen al centro a quienes el poder prefiere mantener en los márgenes. Son, en muchos sentidos, la memoria viva de lo que ocurre en este estado cuando las cámaras se apagan.
Querétaro presume modernidad y crecimiento. Pero una ciudad que no protege a quienes la informan no merece ese título. Y una industria periodística que sigue midiendo con distinta vara el trabajo de sus integrantes según su género no está a la altura del momento que vive la región.
Reconocer el papel de las periodistas mujeres en Querétaro no es un gesto simbólico. Es el primer paso para dejar de tratarlas como excepción y empezar a verlas como lo que son: columna vertebral de un periodismo que, sin ellas, simplemente no se sostendría.
Sin Concesiones es una columna de opinión semanal de El Progresivo. Las opiniones expresadas son responsabilidad del medio.


