El informe y la ciudad que no aparece en él
El primero de septiembre, el gobernador Mauricio Kuri González comenzó su quinto y último informe de gobierno de una manera que nadie esperaba: sin discurso en el Congreso, sin evento protocolario, sin alfombra roja. En su lugar, cinco mil funcionarios públicos salieron a recorrer los 18 municipios del estado para entregar el documento directamente a la ciudadanía. Y el propio gobernador arrancó una gira que lo llevará, antes de que termine su mandato, a cada rincón de Querétaro.
Es un gesto de comunicación política inteligente. Y los números que respaldan ese gesto son, en varios rubros, genuinamente impresionantes.
El informe de Kuri tiene cifras que merecen leerse con seriedad. Más de 200 mil queretanos salieron de la pobreza en cinco años — una reducción del 30% de la población que vivía en esa condición cuando inició su administración. La pobreza extrema cayó 59%. El estado ocupa el primer lugar nacional en seguridad, en certidumbre jurídica, en movilidad. Más de 720 mil trabajadores están afiliados al IMSS con salarios superiores en siete por ciento al promedio nacional. Y Kuri promete algo que pocos gobernadores en México pueden decir: dejará el estado sin deuda pública.
Son logros reales. No son maquillaje estadístico. El CONEVAL los respalda, los datos del IMSS los verifican, los rankings los confirman.
Y entonces, ¿por qué esta columna existe?
Porque los indicadores miden promedios. Y los promedios esconden texturas.
Durante diecisiete semanas, Querétaro de a Pie ha documentado la Querétaro que vive entre las grietas de esos indicadores. No para contradecir el informe — los datos son los datos — sino para completarlo con lo que ningún boletín oficial tiene espacio para contar.
Documentamos que más de 60 mil estudiantes universitarios queretanos presentan síntomas de depresión, y que el sistema de salud mental en las escuelas públicas no tiene capacidad para atenderlos.
Documentamos que preparar a un hijo para el regreso a clases cuesta casi 11 mil pesos en Querétaro — más de un salario mínimo mensual completo — y que la respuesta institucional a las familias que no pueden pagarlo es ofrecerles un préstamo.
Documentamos que las colonias periféricas de la zona metropolitana crecen sin drenaje, sin parques, sin transporte digno, mientras el centro de la ciudad recibe inversión y atención constante.
Documentamos que Santiago Mexquititlán lleva cinco años peleando por el agua de sus propios pozos, y que la Fiscalía de Amealco le negó a uno de sus defensores el derecho a ser atendido en su lengua materna.
Documentamos que una presa en Corregidora amaneció con cientos de peces muertos porque nadie actuó cuando el lirio acuático empezó a expandirse años atrás.
Documentamos que un árbol en la Alameda Hidalgo — en el corazón del Centro Histórico Patrimonio de la Humanidad — cayó sobre un conductor de Uber y lo mató, y que al momento del accidente nadie sabía en qué estado fitosanitario se encontraba ese árbol.
Todo eso ocurrió en el Querétaro del primer lugar en seguridad, del crecimiento económico récord, del estado que va al siguiente nivel.
El problema no es el informe. El problema es que los informes de gobierno, por su naturaleza, miden lo que el gobierno hace. Y hay cosas que el gobierno no hace — no por negligencia necesariamente, sino porque ningún gobierno, en ninguna ciudad del mundo, puede hacer todo — que también definen la calidad de vida de una ciudad.
¿Quién hace el mantenimiento preventivo de los árboles en los parques? ¿Quién garantiza que el agua de las comunidades indígenas no se vaya en pipas sin logotipos? ¿Quién acompaña al universitario que lleva semanas sin dormir bien? ¿Quién construye el parque de la colonia periférica donde los niños puedan jugar cuando salgan de la escuela sin celular?
Esas preguntas no tienen respuesta en el quinto informe de Kuri. Tampoco en el de ningún gobernador anterior. Son las preguntas que una ciudad en serio tendría que hacerse antes de declarar que llegó al siguiente nivel.
Hay algo que el formato del quinto informe revela sin querer: que el gobierno sabe que los números solos no alcanzan. Por eso no hubo evento protocolario. Por eso los funcionarios salieron a la calle. Por eso el gobernador grabó episodios con testimonios de ciudadanos reales de los 18 municipios.
Es un reconocimiento implícito de que la legitimidad de un gobierno no se construye en un congreso con aplausos, sino en la conversación con la gente que vive los resultados — o que vive en los márgenes de los resultados.
Querétaro de a Pie nació exactamente de ese mismo reconocimiento. No desde el gobierno, sino desde el periodismo: que los indicadores cuentan una historia, y que hay otra historia que se cuenta desde la calle, desde las colonias, desde los mercados y las presas y los parques rotos y los árboles que nadie revisó.
Kuri termina su mandato en septiembre de 2027. Le quedan doce meses para completar el tren, para terminar el dren Peñuelas, para entregar las obras que prometió. Doce meses en los que esta columna seguirá preguntando lo mismo que ha preguntado desde enero: ¿cómo está la Querétaro que no aparece en los rankings?
El informe dice que Querétaro subió al siguiente nivel. Puede ser que así sea.
La pregunta es si todos subieron. Y si no todos subieron, quiénes se quedaron esperando el elevador.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

