La ley que reconoce a los cuidadores pero no les da recursos.
El jueves 30 de octubre, el Congreso de Querétaro aprobó por unanimidad la Ley del Sistema Estatal de Cuidados.
Fue una votación unánime. Todos los partidos a favor. Las diputadas que presentaron la iniciativa hablaron de saldar una deuda histórica. Y tienen razón: la ley reconoce por primera vez que cuidar a un hijo, a un adulto mayor, a una persona con discapacidad o con una enfermedad crónica es trabajo. Trabajo real. Trabajo que sostiene a las familias y, a través de ellas, al estado entero.
El problema es lo que viene después del aplauso.
Lo que sí dice la ley
La Ley del Sistema Estatal de Cuidados tiene un catálogo concreto de servicios: cuidados en el hogar, centros de día, estancias temporales, atención de relevo para quienes cuidan, asistencia personal, cuidado infantil, tecnologías de apoyo. Reconoce explícitamente el derecho a cuidar, el derecho a recibir cuidados en condiciones dignas, y el derecho al autocuidado.
Identifica a las personas prioritarias: niñas y niños, adultos mayores, personas con discapacidad, personas con enfermedades crónicas, cuidadores no remunerados y sus familias.
Y establece una Junta Estatal de Cuidados, presidida por la Secretaría de Desarrollo Social, con participación de las secretarías de Finanzas, Salud, Educación y de las Mujeres, el DIF, y dos comisiones legislativas.
En papel, es una ley completa. Bien estructurada. Con un catálogo de servicios que si existiera — de verdad, funcionando, accesible — cambiaría la vida de miles de familias queretanas.
Lo que no dice
La ley se financiará con “las estructuras, el personal y el presupuesto existentes” de las dependencias ya en operación. Su ampliación será “progresiva, según la disponibilidad financiera”. No hay montos. No hay fuentes de recursos nuevas. No hay fecha de entrada en vigor.
Una especialista que participó en el foro legislativo del 18 de agosto, donde se discutió el anteproyecto, lo dijo sin rodeos: el sistema “requeriría inversión pública”. No es una opinión menor: es la condición mínima para que exista.
La diputada Andrea Tovar Saavedra señaló que las mujeres dedican alrededor de 40 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados — más del doble que los hombres. La ley llama a eso una “deuda histórica”. Es una deuda enorme. Pero no viene con un cheque.
A quién le toca cargarlo hoy
En Querétaro, el cuidado no remunerado tiene cara. Es la hija mayor que dejó de trabajar para cuidar a su papá con Alzheimer. Es la madre de un niño con parálisis cerebral que hace malabares entre las terapias, el trabajo y los trámites del DIF. Es la mujer de 60 años que cuida a su madre de 85 y en paralelo intenta sostener una economía de por sí ajustada.
No son casos excepcionales. Según datos del INEGI, en México el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 23% del PIB. En Querétaro, estado con una de las economías más dinámicas del país, ese trabajo invisible existe igual — y recae, como en todas partes, desproporcionadamente en mujeres.
La ley aprobada esta semana reconoce eso. Pero reconocer no es lo mismo que resolver.
El patrón que se repite
En octubre, cuando el laboratorio ciudadano de CÍVICA presentó sus diagnósticos sobre las otras violencias de Querétaro, una de las propuestas centrales fue exactamente esto: un sistema integral de cuidados con presupuesto real. Desde la sociedad civil, antes de que el Congreso lo aprobara.
Lo que suele pasar con estas leyes en México — y Querétaro no es la excepción — es que el reconocimiento del derecho llega antes que la infraestructura para ejercerlo. El Sistema Nacional de Cuidados lleva años en construcción a nivel federal, con avances desiguales, sin presupuesto suficiente, sin cobertura universal.
Una ley estatal que se financia con “lo que ya existe” puede significar dos cosas: que el sistema ya tiene capacidad para absorber esto, o que el sistema va a seguir siendo insuficiente pero ahora con un nombre nuevo.
La diferencia entre las dos la van a vivir, en los próximos meses, las familias cuidadoras de Querétaro. Ellas van a saber antes que nadie si la ley tiene dientes.
Lo que vale la pena reconocer
La aprobación unánime no es un dato menor. En un Congreso donde no todo se mueve con facilidad, que todos los partidos votaran a favor de esta ley dice algo. Dice que el tema tiene legitimidad política. Que ya no es marginal.
Eso importa. Porque significa que si las organizaciones civiles, las familias cuidadoras y los medios lo siguen presionando, hay un marco legal donde anclar las demandas. La ley existe. Ahora se trata de que el presupuesto llegue.
Una ley sin recursos es una promesa. Una ley con recursos es una política.
Querétaro tiene la promesa. Falta la política.
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