El agua que nadie quiso ver
El presupuesto federal para la conservación y reparación de los cuerpos de agua en Querétaro fue eliminado desde el año pasado. No recortado. Eliminado.
Esta semana, la presa El Batán amaneció con cientos de peces muertos flotando en la superficie. El cuerpo de agua que comunidades de Corregidora han usado durante generaciones para pescar, para caminar a su orilla, para simplemente mirar el agua, apareció cubierto de un tapete verde de lirio acuático y rodeado de fauna acuática sin vida. Una imagen que, para quien la vio en persona, no se olvida fácilmente.
No fue un accidente. Fue el resultado de años de señales ignoradas.
El lirio acuático que hoy cubre la presa El Batán no llegó esta semana. Activistas ambientales llevan años denunciando su expansión en este cuerpo de agua ubicado en el municipio de Corregidora. La planta acuática, cuando se multiplica sin control, consume el oxígeno del agua, bloquea la luz solar y destruye el ecosistema desde adentro. Es un proceso lento, visible, documentable. Y documentado.
Nadie actuó a tiempo.
La activista América Vizcaíno lo explicó con precisión esta semana: la presa recibe de manera habitual descargas de aguas residuales urbanas, además de escurrimientos que pueden transportar contaminantes. Las lluvias recientes pudieron haber arrastrado sustancias adicionales hacia el embalse. No descartó descargas irregulares. Lo que sí descartó es que esto haya sido una sorpresa para quienes tienen la obligación de monitorear el agua en Querétaro.
El gobernador Mauricio Kuri reaccionó esta semana con rapidez relativa: anunció que el estado enviará especialistas a la zona, colaborará con la Comisión Nacional del Agua en las investigaciones y comenzará labores de retiro de lirio acuático en El Batán, así como lo hizo recientemente en el bordo Benito Juárez. El tono fue de coordinación institucional responsable.
Pero hay una frase en su declaración que merece detenerse: “aunque la competencia directa corresponde a la Conagua, debido a que se trata de una reserva federal, el gobierno estatal colaborará en lo que sea necesario.”
Es decir: la presa es federal, por lo tanto el mantenimiento es federal, por lo tanto cuando el presupuesto federal desaparece, la presa queda en un limbo institucional donde nadie tiene la obligación directa de actuar — hasta que los peces empiezan a morir y las cámaras llegan.
Ese limbo tiene un nombre técnico: descoordinación intergubernamental. En la vida cotidiana de las comunidades que viven alrededor de El Batán, tiene otro nombre: abandono.
La presa El Salto, también en el estado, presenta filtraciones y requiere un diagnóstico estructural urgente, según el Colegio de Ingenieros Civiles de Querétaro, que esta semana pidió evaluar las condiciones de la infraestructura antes de determinar el nivel de riesgo real. Dos presas con problemas graves. Un presupuesto federal eliminado. Una temporada de lluvias que acaba de comenzar y que llenará esos cuerpos de agua — y todo lo que arrastre el escurrimiento con ellos.
El agua en Querétaro es, al mismo tiempo, el recurso más estratégico y el más desatendido del estado.
Lo que hace especialmente dolorosa la historia de El Batán no es solo el daño ecológico — que es real y tomará tiempo revertir — sino lo que la presa representaba para la gente que vive cerca.
Las presas queretanas no son solo infraestructura hidráulica. Son parte del paisaje de vida de comunidades enteras. Familias que iban a pescar los domingos. Niños que crecieron viendo el agua desde la orilla. Personas mayores que recuerdan el cuerpo de agua como era antes de que la ciudad creciera a su alrededor y empezara a vaciarse en él.
Perder ese espacio — aunque sea temporalmente — es perder algo que no aparece en ningún indicador económico pero que forma parte de la memoria colectiva de una comunidad. Y recuperarlo, si se recupera, tomará más que una brigada de retiro de lirio y un comunicado de Conagua.
Querétaro presume, con razón, de ser un estado que cuida su agua. El Acueducto del siglo XVIII es Patrimonio de la Humanidad. El discurso oficial sobre sustentabilidad hídrica es constante en foros nacionales e internacionales. El estado produce vino, queso y agricultura de exportación en zonas semiáridas gracias a una gestión del agua que, en algunos aspectos, es genuinamente innovadora.
Y al mismo tiempo, una presa en Corregidora lleva años acumulando lirio, recibiendo descargas irregulares y esperando un presupuesto que nunca llegó — hasta que esta semana los peces flotaron boca arriba y ya no hubo forma de mirar hacia otro lado.
El agua no miente. Siempre termina por contar la historia de cómo la tratamos.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

