Reducción de pobreza laboral en Querétaro
Esta semana el gobierno del estado tuvo razones para celebrar — y con datos reales, no con propaganda.
El INEGI confirmó que Querétaro registró la segunda mayor reducción de pobreza laboral en todo el país durante el primer trimestre de 2026: una caída de 8.7 puntos porcentuales en un solo año. Dicho de otro modo, hoy hay decenas de miles de familias queretanas que antes no podían comprar la canasta alimentaria con su sueldo y ahora sí pueden. Eso no es menor. Es, de hecho, una de las mejores noticias económicas que ha tenido el estado en mucho tiempo.
Pero los datos tienen capas. Y la capa que faltó en los boletines oficiales es la que esta columna quiere explorar.
En el primer trimestre de 2026, el 20.4% de la población queretana se encontraba aún en situación de pobreza laboral, es decir, con ingresos insuficientes para cubrir siquiera la canasta alimentaria básica. En la ciudad capital, esa cifra sube a 19.7%, con un aumento de 2.2 puntos respecto al trimestre anterior. La tendencia anual va bien. La tendencia trimestral, en la ciudad que concentra la mayor riqueza del estado, va para el otro lado.
El promedio esconde la textura. Y la textura, en Querétaro, se llama informalidad, brecha de género y geografía.
La brecha estructural se mantiene intacta: un trabajador formal promedio percibe casi el doble que uno informal — 11 mil 157 pesos contra 5 mil 751 pesos mensuales. En un estado donde el nearshoring atrae ingenieros con paquetes de reubicación en dólares y al mismo tiempo emplea a miles de operadores de línea con contratos de base mínima, esa brecha no es un detalle técnico. Es el retrato económico de dos Querétaros que conviven sin verse.
Y luego está la brecha de género. El INEGI documentó específicamente la reducción del porcentaje de mujeres que no podían adquirir la canasta alimentaria con su ingreso laboral, al pasar del 29.1% en el primer trimestre de 2025 al 20.4% en el mismo periodo de 2026. Es un avance real. Pero el punto de partida — casi una de cada tres trabajadoras sin ingreso suficiente para comer — dice más sobre la profundidad del problema que sobre la velocidad de la solución.
Rosa tiene 44 años y trabaja en limpieza en un hotel del Centro Histórico. Lleva seis años en el mismo puesto, con el mismo sueldo base más propinas que varían según la temporada. En los meses de turismo fuerte — Semana Santa, puentes, temporada navideña — alcanza. En los meses tranquilos, hace cuentas. “A veces les digo a mis hijos que ya comimos, para que ellos coman primero”, dice, sin dramatismo, como quien describe el clima.
Rosa no aparece en las estadísticas de pobreza laboral porque en los trimestres buenos sus ingresos superan el umbral de la canasta. Pero en los meses malos, vive exactamente lo que ese indicador mide. Las cifras trimestrales capturan un promedio. La vida de Rosa no es un promedio.
El dato de esta semana es bueno. Querétaro va bien en la dirección correcta y merece reconocerlo. Más de 720 mil trabajadores están afiliados al IMSS en el estado, con salarios superiores en siete por ciento al promedio nacional, y se generaron 14 mil 650 empleos en el primer trimestre del año. Son números que importan.
Pero Querétaro de a Pie existe para hacer la pregunta que los boletines no hacen: ¿quién todavía no está en ese avance? ¿Quién trabaja en la economía que hace posibles esos números y sigue sin alcanzar para la canasta en los meses difíciles? ¿Qué pasa en los municipios rurales, en los mercados informales, en las cocinas económicas y los talleres de maquila doméstica donde el IMSS es una sigla ajena?
Los rankings miden promedios. Las personas viven en los márgenes de esos promedios. Y en esos márgenes, la celebración siempre tiene un asterisco.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

