Tienen razón los dos. Y eso es lo más incómodo.
El jueves 9 de octubre, 250 trabajadores del IMSS bloquearon la intersección de 5 de Febrero y Zaragoza. Filas kilométricas. Camiones de carga detenidos. Rutas alternas colapsadas. La ciudad paralizada hasta pasada la medianoche.
El viernes se repitió. El sábado también. Tres días consecutivos de bloqueos en una de las arterias más congestionadas de Querétaro.
Y esta columna quiere hacer algo que casi nadie hizo durante esos tres días: darle la razón a los dos lados. Porque los dos la tienen. Y porque fingir que no es así no le hace bien a nadie.
Por qué tienen razón los trabajadores
Los trabajadores del IMSS en Querétaro no salieron a la calle porque sí. Salieron después de que una mesa de negociación con la Secretaría de Gobernación se rompió sin acuerdos. Después de que el gobierno federal ofreció un aumento del 2.9% frente a una inflación acumulada que hace ese número irrelevante. Después de años denunciando algo que cualquier persona que haya ido a una cita del IMSS conoce de primera mano: los insumos no alcanzan.
No es retórica sindical. Es lo que dicen los propios médicos y enfermeras: faltan guantes, faltan medicamentos, faltan materiales básicos para hacer el trabajo. Un profesional de la salud que no tiene con qué atender a sus pacientes no está en huelga por capricho — está en una situación que el propio sistema creó y que el propio sistema no ha querido resolver.
A eso hay que sumar la demanda de regresar al régimen de jubilación anterior, las denuncias de hostigamiento laboral contra quienes se manifestaron, y la exigencia de la salida del secretario general del sindicato, Rafael Olivos — señalado por los propios trabajadores como parte del problema, no de la solución.
La protesta tiene causas reales, documentadas y urgentes. El derecho a manifestarse es constitucional. Y cuando el diálogo institucional falla, la calle es lo que queda.
Por qué también tienen razón los automovilistas
Pero la calle, en este caso, es el Paseo 5 de Febrero. Y cerrar el Paseo 5 de Febrero en Querétaro no es cerrar una calle — es cerrar la ciudad.
La persona que llegó tarde a su trabajo ese jueves no es el director del IMSS ni el secretario de Gobernación. Es la operadora de manufactura que tiene turno fijo y a quien le descuentan si llega tarde. El repartidor que pierde su bono diario si no completa sus entregas. La madre que no pudo recoger a su hijo a tiempo. El paciente — sí, el paciente — que tenía cita médica en otro hospital y no pudo llegar porque las vías alternas también estaban colapsadas.
Querétaro no tiene red de movilidad alternativa para absorber el colapso de una vialidad principal. Lo documentamos en julio con el Bernardo Quintana. Lo volvemos a ver ahora. Cuando 5 de Febrero se cierra, no hay plan B para la ciudad. El costo lo pagan ciudadanos que no tienen ninguna responsabilidad en el conflicto laboral del IMSS.
Y hay algo más que incomoda: un bloqueo en 5 de Febrero en Querétaro no le llega al director del IMSS en la Ciudad de México. Le llega al chofer del camión detenido en la carretera. La presión política que genera sobre las negociaciones federales es, siendo honestos, mínima. El daño colateral sobre la ciudad es máximo.
Lo que no tiene respuesta fácil
Aquí es donde la columna tiene que dejar de ser cómoda.
Si se acepta que los trabajadores tienen razón en sus demandas — y la tienen — ¿cuál es la alternativa al bloqueo cuando el diálogo institucional falló? ¿Manifestarse en un parque donde nadie los vea? ¿Publicar un comunicado que nadie va a leer? La visibilidad de una protesta depende de su capacidad de interrumpir la normalidad. Un bloqueo molesta precisamente porque funciona como mecanismo de presión. Ese es el dilema de toda protesta en espacio público: para ser efectiva, tiene que incomodar a alguien.
Y si se acepta que los automovilistas tienen razón en su molestia — y también la tienen — ¿qué se les dice a los trabajadores que llevan años sin insumos, sin aumento real, sin que ninguna institución los escuche? ¿Que esperen más? ¿Que sean pacientes con un sistema que no ha sido paciente con ellos?
No hay respuesta limpia. Y cualquiera que diga que sí la hay está simplificando un problema que no es simple.
Lo que sí es claro
Hoy, lunes 12 de octubre, el IMSS en Querétaro amaneció en calma tras tres días de movilizaciones. Pero el 14 de octubre es la fecha que los trabajadores pusieron sobre la mesa: si no hay respuesta real, las movilizaciones continúan.
Lo que debería quedar claro de estos tres días no es quién tenía razón. Es que un sistema de salud pública que lleva años operando al límite — sin insumos, con trabajadores mal pagados, con mesas de diálogo que se rompen sin acuerdos — tarde o temprano se expresa en la calle. Y que una ciudad que crece sin construir movilidad alternativa no puede absorber esa expresión sin colapsar.
Los dos problemas son reales. Los dos merecen solución. Y ninguno de los dos se resuelve con tres días de bloqueos ni con tres días de quejarse de los bloqueos.
Querétaro necesita que sus trabajadores de la salud tengan insumos, salarios dignos y representación sindical de verdad. Y necesita una red vial que no se paralice cada vez que algo sale mal.
Las dos cosas. No una o la otra.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

