Querétaro de a Pie
El Progresivo | Comunidad & Sociedad Vigésima tercera entrega — 9 de octubre 2026
El tren avanza. Sus trabajadoras duermen en el coche.
Doce horas al día. Siete días a la semana. Sin hospedaje. Durmiendo en el propio vehículo porque el empleador no cumplió con lo que la ley le obliga a garantizar.
Así están trabajando algunas de las personas que construyen el Tren México-Querétaro — la obra más importante del sexenio federal en el estado, la que cerró el Bernardo Quintana durante semanas, la que promete transformar la movilidad regional.
Esta semana, el diputado local Paul Ospital Carrera presentó ante la Secretaría del Trabajo del estado una solicitud de inspección urgente. Las denuncias que recibió — principalmente a través de redes sociales — describen un panorama que él mismo calificó sin rodeos: “acciones como esta pueden verse como esclavismo.”
Las personas que aparecen en estas denuncias no son queretanas. Son trabajadoras y trabajadores llegados de Oaxaca, Chihuahua, Hidalgo, Tamaulipas y otros estados — personas que dejaron su lugar de origen para construir una obra que ellos no van a usar, en una ciudad que no es la suya, bajo condiciones que ningún boletín oficial de la obra menciona.
Algunas de ellas son mujeres que trabajan en la zona de Saldarriaga, en El Marqués. Duermen en sus coches. Trabajan doce horas diarias sin descanso semanal. Algunas dijeron que no verán a sus hijos en un año. No porque lo eligieran — sino porque esas son las condiciones que les pusieron y no tuvieron margen para negociar.
Además de la jornada y el hospedaje, hay denuncias de pagos incompletos. Personas que trabajaron y no recibieron lo que les correspondía. En una obra de infraestructura federal ejecutada por el Ejército Mexicano — el Agrupamiento de Ingenieros Felipe Ángeles — eso no es un conflicto laboral privado. Es una falla de supervisión en una cadena de contratación que el Estado tiene obligación de vigilar.
La frase del diputado Ospital merece repetirse porque lo resume todo: “El tren avanza, pero los derechos de quienes lo construyen se quedaron parados.”
Es una frase que esta columna podría haber escrito. Y que conecta con algo que Querétaro de a Pie ha documentado durante meses: el crecimiento de Querétaro tiene un precio, y ese precio no lo pagan quienes inauguran las obras.
Lo pagan los operadores de manufactura que salen a las cinco de la mañana desde colonias sin transporte digno. Lo pagan las familias que se endeudan para comprar útiles escolares en el estado más competitivo del país. Lo pagan las mujeres de Santiago Mexquititlán que llevan cinco años peleando por su agua. Y esta semana, lo pagan las trabajadoras que construyen el tren durmiendo en sus coches en El Marqués.
Es importante decir lo que esta columna no está diciendo.
No estamos diciendo que el Tren México-Querétaro sea un error. Es una obra necesaria que puede cambiar la movilidad regional de manera estructural. Ya lo dijimos en julio cuando cubrimos el cierre del Bernardo Quintana.
No estamos diciendo que el Ejército Mexicano sea el responsable directo de las condiciones laborales de los subcontratistas. La cadena de contratación en obras de esta magnitud es compleja y las responsabilidades se distribuyen entre múltiples actores.
Lo que sí estamos diciendo es que una obra que se presenta como símbolo del progreso de México no puede construirse sobre condiciones que violan la Ley Federal del Trabajo. Y que el Estado — federal, estatal, municipal — tiene la obligación de supervisar no solo el avance de los kilómetros de vía, sino las condiciones en que viven y trabajan quienes los construyen.
Hay una ironía que esta semana no se puede ignorar.
El mismo gobierno federal que impulsa el Tren México-Querétaro también impulsó la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales — una de las reformas laborales más celebradas del sexenio. En el tramo queretano de esa misma obra, hay trabajadoras que están haciendo 84 horas a la semana.
Eso no es una crítica ideológica. Es una contradicción que merece una respuesta.
La Secretaría del Trabajo del estado todavía no ha respondido públicamente a la solicitud de inspección presentada por Ospital el 30 de septiembre. Tampoco lo ha hecho la Secretaría del Trabajo federal, que tiene jurisdicción directa sobre una obra de carácter federal.
Mientras esa respuesta llega — si llega — hay mujeres en la zona de Saldarriaga que esta noche van a dormir en sus coches, a unos kilómetros del Centro Histórico Patrimonio de la Humanidad, a unos kilómetros de los viñedos y los fraccionamientos residenciales y los parques industriales que hacen grande a Querétaro.
Una obra que representa modernidad y progreso no puede construirse sobre condiciones indignas. Eso no lo dijo esta columna. Lo dijo el propio diputado que fue a ver con sus propios ojos lo que estaba pasando.
Querétaro de a pie, de verdad.
Querétaro de a Pie es la columna de comunidad y sociedad de El Progresivo. Se publica cada semana. Si tienes una historia que contar, escríbenos.

